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jueves, 12 de diciembre de 2024

Otro Airbus es posible

Mientras China parece avanzar imparable hacia la conquista del mercado del coche eléctrico, Europa parece estancada: ¿Ha perdido Europa ya esta carrera o todavía no es tarde para remontar?

Si los fabricantes de aviones europeos iban por detrás de los norteamericanos como Boeing en los años 80 y lograron revertir esta situación con la puesta en marcha de Airbus...¿pueden hacer la industria europea otro tanto con el coche eléctrico?

Para Luca de Meo, CEO de Renault, la batalla no está perdida: Tan solo se necesita otro "Airbus", en este caso del coche eléctrico:

"Con Airbus, Europa demostró lo que es capaz de hacer. Intensificando la colaboración, nuestra industria emprenderá el camino de la renovación" (Luca de Meo: Carta a Europa, marzo de 2024).

                                         Luca de Meo, CEO de Renault

Tan ensimismados y preocupados estamos con el regreso de los nacionalismos que hemos olvidado los fundamentos para seguir avanzando hacia una Europa Unida: la confianza y la colaboración.

Si después de la II Guerra Mundial fue imprescindible romper la desconfianza entre vencedores y vencidos e iniciar una etapa de colaboración para reconstruir Europa, ahora -a falta de líderes políticos europeos de la talla de  Schuman, Adenauer, De Gasperi o Spaak- un consejero delegado de una multinacional es el que marca la pauta: colaboración y renovación.

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Músicas de Europa:



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lunes, 1 de agosto de 2022

Otra pregunta (europea) del millón

    No todas las preguntas tienen fácil respuesta. Algunas parecen irresolubles hoy, pero con el paso del tiempo vamos obteniendo respuestas parciales, pistas que nos ayudarán a completar el puzle. 

Dos publicaciones recientes vienen a responder a la pregunta (europea) del millón:¿por qué no tenemos hoy, 65 años después de la fundación de la Comunidad Económica Europea, una opinión pública europea (OPE)? 

Juan Luís Cebrián, director de El País hasta 1988, en su artículo "Un europeísta del nuevo renacimiento", escrito con motivo del fallecimiento de Eugenio Scalfari, recuerda que los editores, ya en los años 80, eran conscientes de que no es posible una Europa Unida sin una opinión pública europea y repasa las dificultades para crear un grupo periodístico europeo:

    Eugenio Scalfari, fundador del diario italiano La Repubblica y "europeista genuino" (J.L. Cebrián  dixit)

"El periodismo moderno, tal como lo habíamos conocido, debía al nacionalismo tanto como este a los diarios que lo apadrinaron". Es decir, nacionalismo y periodismo se retroalimentan creando un bucle del que es difícil (por no decir imposible) salir. Los periódicos (y las televisiones) nacionales pueden dar noticias sobre Europa, pero contribuyen a duras penas a una OPE.

María Ramírez, subdirectora de eldiario.es, acaba de publicar El Periódico, un libro donde repasa 25 años de periodismo en Internet. Ramírez fue Corresponsal de El Mundo en Bruselas (2005-2011) y reconoce:

A los 28 años "mi conocimiento de la UE se limitaba a unas pocas clases de política internacional, sobre tratados y generalidades que sin duda habían quedado anticuadas. Varias personas a las que ofrecieron ese puesto de corresponsal en Bruselas habían dicho que no, pero yo lo acepté sin pedir ni unos minutos para pensarlo" (p.104).

Y más adelante, "Como novata en Bruselas no controlaba los detalles de aquella negociación" (se refiere al Consejo Europeo en el que se aprobaron los presupuestos europeos de 2005-2012). En las páginas siguientes, Ramírez ofrece respuestas a esa bisoñez: "Bruselas requería paciencia, lectura, especialización y trabajo constante...".

Algunos medios han aprendido esta lección, sobre todo a raíz de la crisis del euro y de la pandemia. Pero un proyecto periodístico europeo parece hoy más lejano... pero más necesario!

sábado, 31 de octubre de 2015

Vuelve la Europa alemana


Últimamente, la UE parece un circo al que no dejan de crecerle los enanos. Incapaz, después de siete años al borde del abismo, de cerrar  la crisis de una forma decidida, no dejan de aparecer nuevos problemas externos (Ucrania, Siria) e internos: refugiados, Grecia, Reino Unido...por no hablar de los nacionalismos, la xenofobia, la extrema derecha...

Todos ellos tienen un común denominador: la crisis del sistema institucional europeo. En su origen, el sistema institucional europeo se basaba en el "equilibrio de poderes" entre la Comisión Europea 
(es la "Guardiana de los Tratados" y representa  el interés común europeo), el Consejo de Ministros (que representa los intereses de los Estados) y el Parlamento Europeo (que representa a los ciudadanos europeos). Este sistema  fue el que permitió llevar a cabo la reunificación de Alemania (1990) en el marco de "una Alemania europea".

Veinticinco años después, ese equilibrio está roto: En primer lugar, ese  interés común parece haber sido sustituido por los intereses que exigen los países acreedores de la UE a los países deudores. Las principales decisiones, como se ha podido comprobar en la crisis del euro, ya no se toman en el marco de dichas instituciones europeas.





Ahora es el BCE, a instancias o bajo una fuerte presión alemana, el que toma las decisiones económicas más importantes. En cuanto a las decisiones políticas, no fue Mogherini sino Merkel la que se reunió con Putin cuando estalló la crisis de Ucrania.

En la crisis de los refugiados, los 27 Jefes de Gobierno están más pendientes de los vaivenes de Merkel que de elaborar sus propias iniciativas. Sólo así se pueden explicar los bandazos de Rajoy que primero se resiste a acoger refugiados y tan solo unos días después afirma que "España no discutirá con Europa la cifra de refugiados".

Y qué decir sobre el "caso" Volkswagen?

Lo mínimo es exigir -y todavía no se ha hecho- la dimisión del ministro de Industria, José Manuel Soria que ha mostrado una actitud dubitativa y contradictoria: si el día 26 de septiembre exige a Seat  "la devolución de las ayudas del Plan PIVE", tan solo cuatro o cinco días después, la prensa anuncia que "el Gobierno da marcha atrás".

El caso Volkswagen es un asunto delicado y complejo ya que"el trucaje de motores de Volksvagen afecta a la credibilidad del grueso de la industria automovilística europea".  Y así lo han entendido sus socios comunitarios que pronto han "cerrado filas" con Alemania y reclaman a la Comisión Europea "que se ande con cuidado".

La Europa alemana, más cerca.