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domingo, 9 de noviembre de 2025

M. Rajoy y La última llamada

La última llamada es el título de la serie documental que estos días está emitiendo Movistar+ en la que se repasa la trayectoria de los cuatro expresidentes vivos de la democracia en nuestro país: Felipe González, José María Aznar, José Luís Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.




Creada por Álvaro de Cózar y dirigida por Cibrán Isasi, si tuviera que resumir en un titular mi valoración, diría que se trata de un producto televisivo de calidad, algo de lo que adolecen hoy muchos de los programas emitidos por las televisiones españolas (públicas o privadas).

Bueno, calidad siempre que tengamos en cuenta su propósito: "Hablar de la soledad del poder, cómo se tomaron las decisiones más importantes solos". González  tuvo que decidir si liquidaba a la cúpula de ETA (la policía le había informado de una reunión en el sur de Francia).

 Aznar tuvo que hacer frente al 11-M y Zapatero, a la crisis de 2008. Rajoy se topó con la crisis del euro y con el momento álgido del independentismo catalán, al que aplicó el 155.

La serie ahonda en estas y otras situaciones-límite que los presidentes debieron afrontar, siempre subrayando "el factor humano", pero deja en el aire otros muchos factores históricos. Por ejemplo:

En el capítulo de Rajoy, el último presidente de la derecha española (de momento), no se toca un tema que está de plena actualidad: la creación del Sareb.

La Sociedad de gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) o "Banco malo" que el gobierno de Rajoy, con Luís de Guindos como ministro de Economía, nos vendió que no iba a costar un 1€ a los españoles.

La realidad es, según Eurostat, que la crisis bancaria nos ha costado a los españoles más de 72.000 millones de euros, la factura más alta de Europa (más del doble de lo que le costó a Grecia y el triple de Portugal).

Supongo que nuestros expresidentes estarán la mar de contentos: la serie les da voz, se encuentran arropados por las declaraciones de sus ministros y asesores, no han necesitado en ningún momento pedir perdón por los errores cometidos, y las voces críticas brillan por su ausencia.

He visto en las redes comentarios del tipo: "Después de ver la serie, he visto cuarenta años de historia de nuestro país". Que nadie se engañe: hemos visto un buen documental que humaniza, pero también masajea, a nuestros presidentes. La Historia es otra cosa.

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Noticias elacionadas:

- Rajoy se lanza a la literatura aforística

- La historia que nos han contado de la Transición es mentira (N. Sartorius)

- A favor del arrepentimiento



miércoles, 15 de enero de 2025

Por qué amamos a los franceses

"Me gusta el fuego", repetía cada domingo  mi amigo Juan Miguel después de contemplarlo unos instantes absorto, antes de poner en marcha una maravillosa paella campera.  "Me gustan los libros de los corresponsales", podría decir yo ahora, después de haber comentado aquí algunos de ellos:

Merkel (de Ana Carbajosa), Derribar los muros (de Rosa María Artal, Javier Valenzuela y otros); Queremos saber (Enric González, Ramón Lobo y otros); El director (David Jiménez); China fast forward (Sergi Vicente); Vaya país! Cómo nos ven los corresponsales de prensa extranjera (coordinado por Werner Herzog), Una lección olvidada (de Guillermo  Altares), Fariña (Nacho Carretero)...




A esta lista viene a sumarse ahora Por qué amamos a los franceses (pese a todo), un libro de Lluís Uría, que ha sido corresponsal de La Vanguardia en Francia (2005-2014) y ahora lleva la subdirección del periódico y la newsletter "Europa".

Pero en esta ocasión no voy a comentar este libro, cuya lectura nos ayudará sin duda a conocer mejor la vida y costumbres de nuestros vecinos y a reconocer el papel de Francia en Europa y en el mundo actual. Lluís Uría ha tenido la amabilidad de responder por correo electrónico a las siguientes preguntas:

Pregunta. ¿Nos puede hablar de sus años de estancia en Francia? ¿Qué hábitos importantes tuvo que cambiar en esos años? ¿Qué dificultades, sorpresas y alegrías destacaría?

RespuestaLas principales dificultades las encontré en el momento de instalarme. El proceso para alquilar un apartamento es laborioso (exigen mucha documentación y garantías) y, previamente a eso, la apertura de una cuenta bancaria fue también complicada.

En Francia, abrir una cuenta no es fácil, hay que presentar un dossier de candidatura y pueden denegártela (aunque puedes abrir una cuenta en el Banco de Francia, algo que ya te estigmatiza). Tener un RIB (rélevé d´identité  bancaire) es imprescindible para todo. Sin el RIB no puedes hacer nada.

Por lo demás, como en cualquier cambio de residencia, uno debe ir adaptándose poco a poco a los hábitos y costumbres del lugar, incluidos los horarios (por ejemplo, que primera hora de la tarde sean las 14.30h), así como cambiar desde el médico al peluquero. 

A todo esto hay que añadir el esfuerzo, sobre todo al principio, de desenvolverse en otra lengua. Una de las situaciones más chocantes personalmente, una vez tomo la decisión de matricular a mis hijos en la escuela pública francesa, es comprobar que su idioma va a ser otro.

La principal alegría fue que, gracias a la corta edad de mis hijos en aquel momento (escuela infantil), pudimos conocer y tratar a otros padres, de lo que surgieron nuevas amistades que perduran.



Pregunta. Usted afirma que "la cultura es el aspecto más valorado por los españoles cuando se les pregunta su opinión sobre Francia". ¿No pasará lo mismo que cuando nos preguntan por los programas de televisión favoritos y la respuesta "Los documentales de La 2?

Respuesta. Podría ser muy bien lo que dice. De todos modos es innegable que la cultura francesa ha influido mucho en España históricamente.

Pregunta. Se dice del eje franco-alemán que "el motor de Europa está gripado". ¿Qué porvenir el ve? ¿No habrá que ir pensando en una alternativa?

Respuesta. El motor franco-alemán está gripado porque Alemania y Francia atraviesan en este momento una situación económica y política difícil e inestable, y eso lastra lógicamente el desarrollo y el funcionamiento de la UE.

Alternativa no existe, sin Francia y Alemania no vamos a ninguna parte. Otra cosa es que esos dos países, por sí solos, ya no son capaces de tirar del carro, necesitan aliados fuertes: Italia, España, Polonia. Es algo de lo que los franceses, y supongo que los alemanes, son plenamente conscientes.

Pregunta. Desconocía la existencia de ese "Manual de Historia común sobre el conflictivo periodo que va de 1814 a 1945, destinado a estudiantes de secundaria de ambos países, en el que trabajaron una veintena de expertos de Francia y Alemania para fijar una visión compartida" (p.256). ¿Sabe si se está haciendo algo parecido, por ejemplo, respecto a la Guerra de Independencia u otras etapas conflictivas entre Francia y España? (Por la posibilidad de que en España izquierda y derecha tomen nota, ni le pregunto)

Respuesta. No me consta ninguna iniciativa para elaborar un manual de Historia conjunto España-Francia. Tampoco la situación es comparable, creo yo. Las relaciones entre Alemania y Francia han marcado muy duramente la historia contemporánea de ambos países, y eso está muy presente todavía.

Pregunta. El contenido de su libro no se limita a sus diez años de estancia en Francia, sino que  en los asuntos que aborda - terrorismo, inmigración, el poder político y militar de Francia, los franceses ilustres o famosos de origen español- llega hasta 2024: ¿Son mejores ahora las relaciones hispano francesas ahora con Macron/Sánchez o eran mejores en los años que permaneció en Francia?

Respuesta. En efecto, el libro no se limita a mi estancia en París entre 2005 y 2014, ni tampoco es una mera recopilación de artículos publicados.

Todos los temas que abordo, aunque parten de mi experiencia y conocimiento del país, están plenamente actualizados. Dicho esto, respecto a las relaciones bilaterales, creo que son igual de buenas en la etapa de Sánchez que en la de Rajoy.

Hay tradicionalmente un gran entendimiento entre ambos países sobre los asuntos europeos y eso está por encima del color político que haya en Madrid o París. En época reciente, solo ha habido un periodo de tirantez, fue entre Aznar y Chirac (aunque los dos fueran conservadores), a raíz del alineamiento del primero con las tesis de EE,UU. en la guerra de Irak. Aznar quiso privilegiar el vínculo atlántico sobre el europeo y fracasó. Rajoy volvió a situar las cosas como antes.


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Músicas de Europa:






martes, 1 de agosto de 2023

Después del 23-J

 Mucho se está hablando y escribiendo estos días acerca del "fracaso" de la campaña electoral de Feijóo y del éxito de la segunda semana de la campaña de Sánchez.

¿Han sido los errores en el planteamiento de esta campaña los que han impedido a Feijóo alcanzar un mayor número de escaños o se puede establecer un patrón de comportamiento en el PP si miramos anteriores campañas?



Después de la lectura del libro de María Antonia Iglesias La memoria recuperada (Ed. El País, 2003) y concretamente del testimonio de Alfredo Pérez Rubalcaba (pp.653-691) uno puede pensar que en el PP han cambiado los nombres (Aznar por Feijóo; Javier Arenas por Cuca Gamarra...) pero que algunas pautas de comportamiento continúan 30 años después.

Pérez Rubalcaba se refiere a las elecciones de 1993, en las que el PP parecía contar con todo a su favor (un PSOE dividido entre guerristas y renovadores, y muy debilitado ya por la corrupción: casos Mariano Rubio, Roldán, fondos reservados...), en los siguientes términos:

1. "Las encuestas decían que podíamos perder y el resultado permitió que saliéramos muy reforzados. También es cierto que el PP nunca encajó esa derrota electoral (...) Javier Arenas y Alberto Ruiz Gallardón dieron una rueda de prensa cuestionando la legitimidad y el resultado de las urnas.

2. Aznar decidió su estrategia la noche de las elecciones (y debió pensar): "He perdido por Televisión Española..."

                              Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de la Presidencia (1993-1996)

3. Rubalcaba habla de una pinza mediático-política brutal, que "mantenía a los medios dando leña y a la oposición también". Hasta tal punto que Luís María Anson llegó a reconocer en privado a Rubalcaba: "Llegamos a la conclusión de que no podríamos echaros si no era con las malas artes".

4. En la campaña del 93, todo valía para el PP, "incluso la utilización de la lucha antiterrorista" para criticar la acción del Gobierno y del PSOE:  "iban a por todas y no les preocupaba el daño que podían hacer en temas de Estado".

5. En definitiva, "La gente tenía miedo a la derecha y a lo que suponía".

En este testimonio de Rubalcaba se pueden establecer ciertos paralelismos (en las encuestas, en la pinza mediático-política, en las reacciones del PP, en su estrategia del "todo vale", en el miedo a la (extrema) derecha...) entre lo que pasó en 1993 y lo que está pasando 30 años después, en 2023

En tiempos de Casado, el PP se planteó salir de su sede de Génova 13, un proyecto que parece que se ha desechado después. No era una idea descabellada ya que los fantasmas del 93 parecen pulular todavía por allí a sus anchas.

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jueves, 13 de octubre de 2016

Blame Game

En este país ya estábamos tristemente acostumbrados al Blame Game  desde la gloriosa época de Aznar, con su célebre e infantil "y tú, más". Desde entonces hasta la actual crisis del PSOE podemos rastrear en las hemerotecas numerosos ejemplos de este "Juego de Acusaciones". La única novedad es que antes ese juego era entre PSOE y PP y ahora es entre bandos del PSOE...y otros actores secundarios.

Pero hay también un Blame Game europeo. Lo que pasa es que en Europa las acusaciones no son entre partidos, sino entre los gobiernos de los Estados y Bruselas: 

"Tanto en tertulias cerveceras como en artículos de opinión de la prensa de calidad, atacar a Bruselas se ha convertido en un deporte de moda, y en todos los estados de la Unión bajan los índices de adhesión a la misma" ( Schulz, p.11).

 "Lo bueno viene de las capitales; lo malo, de Bruselas...Desde las capitales se reclaman y aprueban iniciativas para nuevas leyes europeas, pero si una propuesta es criticada públicamente se dice que Bruselas ha vuelto a rebasar sus competencias" (Schulz, 2013, p.107).




Schulz describe con todo lujo de detalles cómo ha funcionado este juego de acusaciones entre las capitales y la UE en el caso del Impuesto de Transacciones Financieras (ITF o Tasa Tobin), un impuesto que pretende frenar los ataques financieros especulativos y que los responsables de la crisis compensen el daño causado a las arcas públicas .

En resumidas cuentas, la Comisión Europea viene intentando poner en marcha este impuesto, tan necesario para paliar los efectos más nocivos de la crisis, ¡¡¡desde 2011!!! y todavía no se ha puesto en marcha por los trapicheos de los gobiernos de diversos Estados (en estos momentos no me conviene porque hay elecciones, porque perjudicaría a mis bancos, a mis ahorradores, la exportación de manzanas...). 

Ahora se nos dice que "Bruselas espera presentar un proyecto legislativo antes de final de año..."y que entrará en vigor en 2018 (?). Menos mal que tan solo se trata de introducir un impuesto que 0,1% sobre el valor de las acciones: ¿Qué pasaría si la Comisión y el Parlamento Europeo hubieran solicitado, ante la gravedad de la situación, un impuesto del 1%?