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lunes, 7 de septiembre de 2020

A propósito de Postguerra, de Tony Judt

                 
Estoy leyendo Postguerra. Una historia de Europa desde 1945, de Tony Judt. El libro consta de IV Partes, cada una de unas 300 páginas, lo que hace un total de casi 1200 páginas. Uno no dispone de todo el tiempo del mundo, por lo que debe elegir. Prefiero comenzar a leer la IV Parte, que abarca desde la caída del Muro de Berlín (1989) hasta la Convención para el futuro de Europa (2005).

Han pasado, pues,15 años en los que el panorama de la Unión Europea ha cambiado totalmente, sobre todo después de la Gran Recesión y de la actual crisis del Covid-19...¿o quizás no ha cambiado tanto?

La Unión Europea, un viejo gigante preocupado por aunar las voluntades de casi 500 millones de personas de 27 Estados con idiomas, economías y tendencias culturales muy diversas, "no puede escapar a los defectos de sus virtudes"(p.1049), y uno de ellos es avanzar muy lentamente, al menos en aspectos básicos como pueden ser su sistema de gobierno o su política exterior o su política monetaria.  

               

⏩El sistema de gobierno de la UE es, para Judt, "extraordinariamente inmanejable":

 Jean Monnet y sus herederos habían evitado deliberadamente cualquier esfuerzo que llevara a imaginar, por no hablar de poner en práctica, un sistema democrático o federal. Por el contrario, se habían encaminado hacia un proyecto de modernización de Europa desde arriba (...) demasiado centrado en la dimensión técnica de la 'construcción europea' (p. 1040).

En la actualidad, los observadores podrán decir que la UE ha avanzado en el aspecto federal, pero ¿dirían lo mismo del sistema democrático? ¿Qué papel desempeñamos los ciudadanos? 
Es cierto que podemos votar en las elecciones al Parlamento Europeo y que éste ha ampliado sus competencias. Pero los ciudadanos perciben, y así lo demuestran con su escaso interés por estas elecciones, que la Comisión Europea y el Consejo de la Unión son los que toman las decisiones.

⏩No hay una Política Exterior Común de la UE, tradicionalmente en manos de los Estados. Y da la impresión de que, entre 1990 y 2020, ha habido pocos cambios:

Si el ministro de Asuntos Exteriores alemán Hans Dietrich-Gensher, por ejemplo, no hubiera insistido en 1991 en reconocer 'prematuramente' la independencia de Eslovenia y Croacia, puede que Bosnia nunca hubiera seguido su ejemplo, que Belgrado no la hubiera invadido y que se hubiera evitado una década desastrosa (p.954).

Treinta años después, a pesar de los méritos y los esfuerzos  de Josep Borrell, Alto Representante de Asuntos Exteriores y vicepresidente de la Comisión Europea, no se puede decir que la UE tenga una Política Exterior Común. Como estamos viendo estos días, Macron lleva la voz cantante en Líbano y Merkel en los asuntos relacionados con Rusia

⏩En cuanto a la política monetaria, Judt escribe:

Las tribulaciones del euro demuestran perfectamente las paradojas de la Unión (...) El problema de la moneda única no radica en las dificultades técnicas sino en la imprescindible armonización de las políticas económicas nacionales (p. 1037).

En este sentido, tampoco hemos avanzado mucho. Los debates, y las rivalidades, para aprobar el Plan de Recuperación europeo y el Marco Financiero Plurianual (MFP), han puesto de relieve que no se ha avanzado lo suficiente en esa armonización entre países del Norte y del Sur, del Este y del Oeste, entre "frugales" y "derrochadores", entre posindustriales y agrícolas o de servicios, entre partidarios de ampliar el presupuesto de la UE y partidarios de restringirlo...

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viernes, 31 de enero de 2020

Gran Bretaña nos dice hoy adiós

Gran Bretaña nos dice hoy adiós.

Y, aunque llevamos casi cuatro años de negociaciones interminables, nadie ha podido despejar las dudas que se han abierto a uno y otro lado del Canal. Muchas predicciones económicas sobre el Brexit han resultado erróneas, pues no está resultando tan catastrófico para el Reino Unido y el impacto para la economía europea es una incógnita.




 Jean Monnet comprendió ya en los años 50 que los países de Europa eran insignificantes para hacer frente a EEUU o Rusia y puso en marcha el proceso de integración europea. Hoy, según la ley histórica (no escrita) del péndulo, parece que nos toca hacer el camino inverso: Gran Bretaña abandona la UE después de un matrimonio de casi 50 años.

Se ha dicho con frecuencia que Gran Bretaña pierde más que la UE, pero como señala Philip Hammond, "la verdad es que no les ha ido bien a ninguno". A escala global, o sucede un milagro, cosa poco probable, o ambas saldrán de este proceso más debilitadas:

El Reino Unido deberá pagar más de 50.000 millones de euros para hacer frente a los compromisos adquiridos con la UE y se calcula que el divorcio costará a la economía británica más de 140.000 millones y el 2,4% del PIB en los próximos 5 años.

La UE pierde el 13% de su población, pasando de 513 millones de habitantes a 447, todavía por delante de EEUU (337), pero muy lejos de China (más de 1.300) y lastrada por un envejecimiento galopante que será más visible a finales de siglo, cuando la población europea apenas significará el 4% de la población mundial.

No sabemos muy bien qué va a suceder con los 3,3 millones de europeos que residen en Gran Bretaña, ni con los 1,2 millones de británicos que residen en la UE: ¿volveremos a los visados? Antes, todos éramos ciudadanos europeos. Ahora los británicos distinguirán entre residentes, asentados, preasentados...por no hablar de deportaciones.

La UE pierde el 16% de su PIB, por lo que su riqueza pasará de 18,7 billones a 15,9. Continuará siendo la segunda potencia económica mundial, pero un poco más lejos de EEUU (21,4) y con China pisándole los talones (14,1).

¿Qué sucederá en  materia de Defensa, en investigación científica, con Erasmus, con los jóvenes españoles que trabajan en Inglaterra, con los jubilados británicos que residen en nuestro país, con los españoles que trabajan en Gibraltar...?
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