¿Qué tiene Emma Bonino para que la noticia de su fallecimiento haya sido tratada con respeto y admiración por televisiones y periódicos de distinto signo político, en un momento como el que vivimos, en el que la crispación y los ataques personales están a la orden del día?
Es difícil dar a esta pregunta una respuesta porque, durante casi cincuenta años, Emma Bonino (1948-2026) ha sido una estrella de la política italiana y europea (en España, y sobre todo en Galicia, los más viejos del lugar la recordarán por su implicación en la "guerra del fletán").
Emma BoninoEstoy convencido de que, aunque posee un currículum que algunos de nuestros políticos quisieran para sí (ha sido diputada en Italia por el partido Radical, eurodiputada en cuatro ocasiones, miembro de la Comisión Europea1(995-1999) y ministra italiana en dos ocasiones), Bonino no será recordada por esto.
Me parece que la respuesta a la pregunta inicial está en relación con su combate en la gran variedad de causas relacionas con los Derechos Humanos en general, y los Derechos Civiles en particular. Unos Derechos que hoy, con permiso de Trump. Putin o Netanyahu- pueden parecer consolidados, pero...
Comenzó luchando en los años 70, después de haberlo sufrido en sus propias carnes, para acabar con los abortos clandestinos. Fue una lucha exitosa porque en 1978, en la católica, apostólica y romana Italia, se aprobó la interrupción voluntaria del embarazo dentro de las 12 primeras semanas.
Pronto su combate por causas justas, pero que en ese momento estaban lejos del debate político, atravesaría fronteras y el mundo pronto conocería la energía y la tenacidad de Bonino. Por ejemplo, en los años noventa denunció los crímenes de guerra en Yugoslavia y en Ruanda y defendió la necesidad de crear un Tribunal Penal Internacional (TPI) para juzgar a genocidas y criminales de guerra.
Todo ello sin olvidar du faceta europeísta: Emma Bonino siempre ha sido partidaria de unos "Estados Unidos de Europa", cuya fórmula podríamos sintetizar así: Un presidente elegido democráticamente, una división real de poderes, un solo ejército, una sola diplomacia y una economía todavía más integrada.
Es un mensaje que se deberían grabar a hierro y fuego muchos dirigentes políticos europeos, agobiados por el avance de la extrema derecha, pero incapaces de dar los pasos necesarios para avanzar hacia una verdadera federación.

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