Estos días estaba leyendo el libro "Vivir peor que nuestros padres", de Azahara Palomeque. Me preguntaba qué podía contarnos a los boomers que no sepamos:
Mis hijos son de su edad, emigraron a Londres en los años de la Gran Recesión y, después de casi diez duros años, han regresado con distinta fortuna a casa, donde se han encontrado con una pandemia primero y con guerra en Ucrania y Gaza.
Pero esa pincelada de brocha gorda no es suficiente para describir los cambios de esa década. Muchas de las instituciones democráticas han entrado en crisis y estamos pasando o hemos pasado de una economía industrial a una economía de servicios, una sociedad consumista y mucho más desigual.
La sanidad y la enseñanza pública están por los suelos. El empleo se ha precarizado hasta tal punto que ya no hablamos de la clase trabajadora, sino de un precariado sin acceso a la vivienda, sin proyecto de futuro, sin hijos...
Todo esto no es que los padres no lo supiéramos: es que lo estamos sufriendo en nuestras costillas. Qué nos aporta entonces Palomeque?
Lo que Palomeque nos aporta es una ración de pesimismo cuando descubre su particular "mediterráneo": una fractura generacional entre boomers y millennials. Como si fuese la primera de la historia!
Los que crecimos en el último franquismo no tuvimos las puertas abiertas laborales "derivadas de la construcción de un país nuevo a partir de la Constitución de 1978" (p.55). Una Constitución no crea nuevos puestos de trabajo. Antes al contrario esos años fueron laboralmente muy duros:
Además de los problemas derivados de una transición política, España tuvo que absorber el retorno de emigrantes (y la pérdida de sus importantes remesas que, no lo olvidemos, tanto habían contribuido a los planes de desarrollo de Franco) como consecuencia de las crisis del petróleo de 1973 y 1979 y de la necesidad de preparar su economía para entrar en la CEE.
Es verdad que nuestros hijos viven en unas condiciones más precarias que sus padres. Pero de eso, aunque los boomers no tenemos la culpa, creo que la mayoría no tendríamos reparo en pedir perdón, como Palomeque nos solicita...si con este gesto contribuimos, si no a que nuestros hijos tengan acceso a la vivienda, por lo menos a soldar esa brecha generacional.
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Músicas de Europa:
La verdad es que hacer este análisis es un tanto complicado, cantidad de factores han influido y sería necesario profundizar. A primera vista, no creo que sea vivir peor, más bien distinto.
ResponderEliminarA veces creo que hay comodidad juvenil que ha sido apadrinada por la educación de los padres y otras veo las dificultades de labrarse un futuro, aún con esfuerzo.
Contradicciones.
Felicidades por esa parte tuya musical, que me sorprende.
Un abrazo.
Ya sé que es complicado, Blas. Por dos motivos: el primero porque no me gusta generalizar. Tengo en mi entorno jóvenes a los que le va relativamente bien y a otros que les va todavía mejor. Pero en mi opinión son minoría. El segundo motivo es que en el blog hay que sintetizar y si te descuidas te pasas de frenada.
EliminarCreo que la aspiración de los padres es que sus hijos vivan mejor. Esa aspiración se está viendo en muchos casos frustrada, pero esa frustración es compartida por padres e hijos...a pesar de las fracturas generacionales, propias de cualquier etapa histórica.
Abrzss!
Es cierto que los jóvenes lo tienen difícil, y lo más triste es que veo que no se toman las medidas necesarias, que los gobernantes van dando tumbos, pero que el problema para su independencia y consecución de un trabajo de calidad y estable están ahí. También veo que, una minoría, se acomoda y no lucha por mejorar su situación. Es una etapa complicada.
ResponderEliminarY tan complicada, Fernando! No quisiera yo estar en su pellejo. Alguna vez me han preguntado si no me gustaría volver, en las circunstancias actuales, a tener 15 o 20 años. Mi respuesta contundente es que no.
EliminarDe los gobernantes prefiero no decir nada: están consiguiendo con su griterío tuitero y mediático y sus tonterías alejarnos de la política. Tal esa sea su intención, que nos despreocupemos y que les dejemos tranquilos en sus poltronas. Los jóvenes desde luego no están en su agenda...