miércoles, 29 de noviembre de 2017

Sobre la Agencia Europea del Medicamento

El pasado día 20-N (!) recibíamos la noticia de que, finalmente, Barcelona era descartada como sede para la Agencia Europea del Medicamento (EMA). A renglón seguido se abre una guerra de declaraciones: 

¿Quién es el responsable de  que Barcelona haya perdido una inversión estimada en 320 millones de euros, 900 puestos de trabajo directos y unos 4.000 indirectos? El Gobierno culpa a Puigdemont y éste culpa al 155, mientras que Colau culpa a ambos...

De todo esto han informado con pelos y señales los medios de comunicación. Pero algunos de ellos, por no decir la mayoría, pasan por alto contextualizar dichas informaciones:

Los medios se lamentan, siempre en clave nacional, por la pérdida de la Agencia y hablan de "humillación", "otra derrota en Europa", "España no da una en la UE",  "otra vez la falta de unidad en un momento clave" (a pesar de que a última hora, en pleno proceso independentista, el Gobierno ha querido dar la imagen de que apoyaba el proyecto).

     La torre Agbar, en la que se iba a instalar la Agencia Europea del Medicamento, busca inquilino.

Lo que no dicen los medios, en clave europea, es que España ocupa en la actualidad el puesto número uno en el ranking de  Agencias Europeas. España es hoy la sede de 6 Agencias Europeas (el doble que Francia y el triple que Italia. Alemania solo tiene una). A saber:

Agencia para la Seguridad y Salud en el Trabajo (Bilbao, 1994)
Oficina de la Propiedad intelectual de la UE (Alicante, 1994)
Centro Común de Investigación Europeo (Sevilla, 1994)
Agencia Europea de Control de pesca (Vigo, 2005) 
Fusion for Energy (Barcelona, 2007) y 
Centro de Satélites de la UE (Torrejón de Ardoz, 2002).

De los 27 países que conforman hoy la UE, diez no son sede de una Agencia Europea: Suecia, Eslovenia, Chequia, Eslovaquia, Bulgaria, Rumanía, Malta y Chipre. Con excepción de Suecia, se trata de países pequeños del Este de Europa incorporados recientemente a la UE.

Eslovenia estaba entre los favoritos y la asignación de una Agencia Europea hubiera enviado una buena señal para este grupo de países...

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Noticias relacionadas (publicadas después):
- Cinco años de derrotas españolas en la lucha para los altos cargos de la UE






miércoles, 15 de noviembre de 2017

Hacer Europa y no la guerra

En su reciente libro Hacer Europa y no la guerra, Enrico Letta   se declara "un apasionado de Europa al que no le gusta la Europa actual", situándose así en un terreno pantanoso en el que uno puede recibir palos de eurófilos
-que siguen con su cantinela de "Europa es la historia de un éxito"- y de eurófobos -que desearían ver ya el fin de la Unión Europea-.

Letta es consciente de que hoy no se puede hacer una defensa acrítica de Bruselas: el panorama actual no lo permite. La UE es hoy un espacio de paz, sí. Pero asediada por múltiples conflictos externos que van desde Ucrania hasta el Sahel, e internos que van desde el Brexit hasta el problema catalán.

La solución a estos problemas no pasa, como algunos proponen, por dejar a la UE en stand by, ni en dar marcha atrás como les gustaría a otros. Letta propone avanzar en el proceso de integración marcando las siguientes pautas:




1.  Medidas económicas: Completar la Unión Económica y Monetaria (UEM), un fondo europeo de adaptación a la globalización  y una política de (re)industrialización "bajo bandera europea": 

De ese modo se abriría un nuevo horizonte para todos aquellos que se desesperan 
al ver  cómo su fábrica, y con ella todo su mundo, desaparece. Se enviaría al mundo      
un  mensaje de que Europa se vuelca sobre sus problemas...y  no el de que siempre 
está al lado de los  ganadores (p.78)



2. Medidas políticas: Fortalecer el papel del Parlamento Europeo dotándolo de iniciativa legislativa, hoy teóricamente en manos de la Comisión Europea pero en la práctica en las del Consejo Europeo. Reformar la Comisión Europea y poner fin a la multiplicación de cumbres del Consejo Europeo en Bruselas.

3. La sociedad civil: Construir Europa no es solo obra de las instituciones europeas. Los ciudadanos, a pesar de las barreras del idioma, de la educación y de la ausencia de unos medios de comunicación europeos, deben desempeñar un papel importante, también a través de Internet y de las redes sociales.

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Noticias relacionadas (publicadas después):

- Cómo hacer que el euro sobreviva